Dar de comer al hambriento, obra de misericordia

Alimentarse es una de las actividades mas importantes del ser humano, en muchos lugares del mundo podemos encontrar variados indices de pobreza, lo que genera que las personas de este grupo social no pueda alimentarse de manera adecuada. Dar de comer al hambriento es considerado como un acto de misericordia desde el punto de vista bíblico, sigamos leyendo para conocer su importancia y los versículos de la biblia que respaldan este legado de Jesucristo.

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Dar de comer al hambriento

Una de las necesidades básicas del ser humano está en comer, en obtener energía para realizar las diversas actividades y en estar lo suficientemente apto para poder conseguir los alimentos, tanto para sí mismo como para el grupo de personas que compongan su núcleo.

Más allá de lo primitivo que pareciera ser, esta es una actividad que permite hoy en día a diferentes grupos de personas, sin importar el lugar donde se encuentre, integrarse, socializar y crecer en ámbitos tales como el cultural, el económico, el gastronómico y, con gran importancia, el religioso.

Es importante bendecir los alimentos que disfrutamos cada día, en especial los días festivos decembrina, por eso te invitamos a conocer la Oración para navidad y bendecir tu mesa en familia.

La simple acción de comer nos genera alivio, ya sea tan solo por la idea de alimentarnos, así como todo el proceso químico que ocurre en nuestro cuerpo después de ingerirlos, además de sentirnos satisfechos por ello.

Una realidad también es que muchas de las personas en el mundo no gozan de ello, ya sea porque se encuentran en una mala situación económica, malas condiciones de salud o que se le estén violando sus derechos universales, cualquiera que sea de estas, dejan al individuo en un estado de miseria que no saben cómo o de qué forma enfrentar. Esto es solamente hablando del aspecto físico.

Si hablamos desde el punto de vista psicológico, éstos pueden sentir una sensación de vacío muy marcada, y desde el religioso, el devoto pudiera poner en duda su fé al no poder hallar pronta respuesta a su hambre, así como de sentirse mal porque no encuentra las fuerzas con las cuáles enfrentar los retos del día a día, a la cual acude con fervor.

Aun cuando el mundo es testigo de las grandes faltas que existen para con el otro, el dar de comer al hambriento no es una acción en las cuales todos participan con emoción, por el contrario, es tratado con gran indiferencia, pese a que la religión cristiana nos invita a ser siempre misericordiosos con el prójimo en éste y en todos los aspectos.

Los países del mundo se distinguen unos entre otros por aspectos como sus límites geográficos, su cultura, sus creencias y, sobre todo, por su crecimiento económico, pero también por cómo los gobiernos enfrentan un tema tan delicado como la pobreza y el hambre.

Resulta irónico pensar que se gastan cantidades de recursos monetarios en presupuestar las actividades relacionadas con las guerras, pero no para erradicar el hambre o peor aún, no se educan a las sociedades a socorrer a sus pares cuando están en una terrible situación o para apoyar proyectos que promuevan el desarrollo económico, estando muchos hombres, mujeres y niños afectados por una falta de alimentación.

El hambre podría quedar derrotada en casi todo el planeta si hubiera verdadera cooperación entre las naciones, pero sobre todo si se entiende que el dar de comer al hambriento es un deber y una bonita obra de misericordia para con el otro.

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Importancia de alimentar al hambriento

En este contexto, podemos indicar que dar de comer al hambriento guarda una intención que vaya más allá de poder calmar el pesar de quien sufre, es poder generar confianza entre los individuos, es tener empatía y compasión sobre lo que pueden estar viviendo otras personas con respecto al otro, es lograr poner en práctica lo enseñado y relatado en la fé cristiana por Jesucristo, basado meramente en el amor.

Claro está, representa una gran responsabilidad llevar a cabo esta labor en concreto para que así se pueda lograr una correcta producción de alimentos y su distribución, procurando nutrirlos a todos, teniendo una planificación previa y una organización que resulte justa, con grandes ganas de servir a los más afectados, en donde no se deje de lado el alimentar también el espíritu.

Dentro de La Biblia, podemos encontrar diversas referencias que marcan lo importante dar de comer al hambriento, escrito bajo los testimonios de los Apóstoles, en donde narran la gran compasión que tenía Jesús hacia el que padecía y sufría, así como de seguir su ejemplo y tomar acciones que fueran honestas y puras en su intención. Dentro de las escrituras, podemos encontrar lo escrito por San Lucas:

“El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.” (San Lucas, 3:11).

En el Evangelio según Mateo, explica que lo que nosotros damos de corazón al hambriento, la atención que tenemos con el que sufre hambre y la intención con la cual actuamos hacia ellos, equivale a que se lo ofrezcamos tanto a Jesucristo como a Dios:

 «Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer (…)

Entonces los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer (…)?» Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25: 34-40).

Con esto se indica que es un deber cristiano ayudar y socorrer al prójimo, que esto nos acerca a Dios y a Jesucristo; resulta fundamental involucrarnos todos e involucrarlos a todos, sin importar lo distintos que podamos ser, porque somos hechos a la imagen y semejanza del Padre, con la garantía de poder crecer en cuerpo y en espíritu, desarrollarnos en amor con las mismas oportunidades y los mismos derechos, sin olvidar que somos coterráneos de un mismo espacio.

Ninguna sociedad que no coopere entre sus miembros, prospera.

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Comparación entre el Hambre Secular y el Hambre Espiritual

La buena alimentación, para los dos contextos tratados, depende de la fuente de la cual queremos nutrirnos. No está de más decir que dar de comer al hambriento tiene un significado más grande que cubrir una necesidad fisiológica básica, que tiene un significado importante en el espíritu; en virtud de que esto se pueda entender con mayor facilidad, se explica las diferencias entre los dos aspectos o dos tipos de hambre que experimenta el ser humano a lo largo de su vida

Hambre Secular

El hambre secular corresponde a la necesidad física que tiene el cuerpo humano de ingerir distintos tipos de alimentos. Esta acción es vital para que las personas puedan mantenerse en buenas condiciones de salud, tanto dentro como fuera del organismo. Es importante señalar que los alimentos contienen las proteínas, vitaminas y nutrientes que el cuerpo por sí solo no puede producir, fundamentales para el buen estado de los órganos y tejidos musculares.

Hambre Espiritual

Se describe el hambre espiritual como la necesidad que posee la persona en conocer y creer con fervor en la palabra de Dios y de poder recibirla con amor.

De esta manera, el espíritu se alimenta y busca el equilibrio; el individuo, para estar satisfecho espiritualmente hablando, debe mantener una comunicación constante con Jesucristo y con Dios, fundamentándose principalmente en seguir las Escrituras Sagradas, contenidas en La Biblia, ya que sin este el espíritu se adormece, pierde energía y muere.

Relacionado a esto, te puede interesar conocer una oración de gran valor para la conexión con Dios Preciosa oración de fe y esperanza al Dios del cielo.

Refiriéndonos a lo expuesto en el Antiguo Testamento, el pueblo no solo se nutría de la palabra del Señor. En tiempos de dificultad, les fue concedido el maná del cielo, alimento parecido a una pasta de color blanco, que al consumirla le otorgaba la fuerza necesaria para continuar en la búsqueda de la Tierra Prometida, travesía que comenzó Moisés y el pueblo de Israel, cruzando el desierto durante 40 años tan solo conducidos por la fé.

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Maná del cielo según La Biblia

En Las Escrituras, precisamente en el Antiguo Testamento, se refiere al maná del cielo como el alimento físico que se formaba en la tierra en forma de pasta blanca, también conocido como el pan prometido del Señor a Moisés, con la cual se podían alimentar todos los creyentes en La Palabra y aquellos que estaban dispuestos a seguir en la expedición hacia la Tierra Prometida.

Al entrar en El Nuevo Testamento, se entiende que el alimento con el cual se le puede dar de comer al hambriento es a través de Jesucristo, la representación del pan de vida.

Dentro de La Biblia, se ven reflejados en los testimonios de Los Apóstoles la afirmación de que nadie llega al Padre si no es por su hijo Jesús, y que este es el alimento vital que necesita la persona para no tener hambre, para no carecer. Dentro del Libro de Juan, existen nueve versículos que refieren lo expuesto:

32- Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, más mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

33- Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

34- Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

35- Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

36- Más os he dicho, que, aunque me habéis visto, no creéis.

37- Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.

38- Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

39- Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

40- Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. (Lucas 6:32-40)

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Buscando el maná del cielo

Querer encontrar a Dios a través del maná del cielo no involucra solo hablar, sino también actuar para que ello ocurra. Si se presta suficiente atención a La Biblia, es claro que ningún éxito fue otorgado a los creyentes en el Señor mientras no existiese la fé en él, pero más que todo, en la retribución que tenían hacia lo que Dios les daba.

Hoy en día, eso se mantiene vigente, partiendo de la premisa de que la felicidad y la buena relación con Dios se basa en la aceptación, en el agradecimiento y en el perdón, todas estas, sinónimos de una palabra universal: amor.

Ahora bien, sabiendo que sin esfuerzo no hay recompensa, para Dios aplica el mismo principio.  Su alimento divino solo lo llegan a alcanzar y tomar aquellos que de verdad creen en su existencia y en su palabra, aun cuando él esté para todos sus hijos, obedientes y desobedientes.

De esta manera, sabiendo que el maná del cielo es el “pan de vida” para el creyente en el Señor, resulta bueno conocer de qué maneras puede generarse su obtención sin atajos y sin hacer trampas, basado en acciones de Jesucristo.

  • Ser agradecido: El ser agradecido evita la queja y activa la multiplicación de todo lo que tengas de manera sobrenatural. Es un ejercicio de fé que potencia la prosperidad al agradecer a Dios por lo mucho o lo poco que tienes. También es una de las formas que logra ver nuestras intenciones y si existe humildad en el corazón.
  • Buscar la palabra de Dios: Mediante la fé de los Apóstoles en las palabras de Jesucristo, pudieron alimentarse a los hombres, mujeres y niños, al momento de que el multiplicó los panes y los peces solo por la acción de la confianza plena que tuvieron todas las personas en lo que Dios disponía y aún dispone. Esto no fue alcanzado si no se hubiesen refugiado en su Reino; esto conduce a que todo aquel que quiera alcanzar la salvación primero debe buscar apoyo y concilio en el Señor ya que, bajo esto, todo lo demás viene por añadidura. Que Dios sea prioridad y no opción.
  • Obediencia a Dios: No se alcanza un equilibrio en el plano emocional, financiero y físico si no hay obediencia a lo que Dios ha indicado que se cumpla. Este punto invita en justa medida a involucrar a Jesucristo y al padre en todas las actividades que hagamos, a ponerlo de primero y que pongamos en orden nuestras prioridades con las que él quiere que sean cumplidas. Cuando Jesús mandó al hambriento a sentarse, él le pedía enfoque, que estuviera sereno mas también consciente de sus acciones.
  • Participar en el milagro: Corresponde a formar parte de acciones que puedan contribuir a ayudar a otros, buscando generar siempre un impacto positivo que es retribuido con bendiciones. Es otra de las maneras de mantener una buena relación con Dios, donde podamos siempre brindar lo mejor, aun cuando no se cuenten con los mejores recursos a la mano. En el contexto de La Biblia, Jesús no alimentó de forma directa a las personas, más bien le entregó el alimento a los discípulos para que pudieran dar de comer al hambriento.

Los milagros de Jesucristo

El amor que sentía Jesús por aquel que padecía era grande. Era tal que aun cuando él conocía de ellos su desesperanza, esta podía ser transformada en amor, ya que al entregarle a él su fé, aun cuando pequeña fuere, obtendrían paz, serenidad, alimento y socorro; encontrarían refugio en él y serían diligentes y obedientes a la palabra de Dios. Bajo esto, Dios promueve la acción bajo la verdadera fé, hacia el logro de propósitos dignos.

Los milagros más conocidos de Jesucristo, de acuerdo a las Escrituras Sagradas son estas:

El milagro de las doce cestas

De acuerdo al Evangelio según Mateo, esta expresado este milagro en nueve versículos, donde Jesucristo pudo alimentar a más de cinco mil hombres con tan solo cinco panes y dos peces:

13- Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.

14- Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

15- Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.

16- Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dales vosotros de comer.

17- Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.

18- Él les dijo: Traédmelos acá.

19- Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.

20- Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.

21- Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños (Mateo Cap. 14: Versículo del 13-21).

El milagro de las siete canastas

Encontrando de nuevo una referencia en el Evangelio según Mateo, esta expresado este milagro en once versículos, donde Jesucristo logró dar de comer al hambriento a más de cuatro mil hombres con tan solo siete panes y pocos peces:

29 Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.

30 Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó;

31 de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.

32 Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.

33 Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande?

34 Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.

35 Y mandó a la multitud que se recostase en tierra.

36 Y tomando los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud.

37 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas.

38 Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

39 Entonces, despedida la gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala. (Mateo Cap. 15, Versículo del 29 al 39)

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Conclusión

Al llegar a este mundo, desde el punto de vista de la biología, como organismos vivos, nos encontramos diseñados para nacer, reproducirnos y luego morir, para así darle paso a la siguiente generación y perpetuar el ciclo. Siendo esta visión muy corta, es preferible verlo desde la óptica donde se viene a este mundo para cumplir propósitos, para educarnos, para transmitir conocimientos y para poder ayudar a quien lo necesite; es una gran perspectiva, es la perspectiva de Dios.

Se viene a cumplir objetivos en este plano terrenal, pero siempre buscando nutrirnos con lo mejor para hacerlo: con la palabra del Señor y las enseñanzas de Jesucristo, buscando enaltecerlo a Él para crecer espiritualmente y personalmente bajo los cimientos de la fé.

Pero no todo está en cuidar de nosotros individualmente, también está permitido el poder dar de comer al hambriento a través de la ayuda, de brindar apoyo en momentos difíciles, al poder dar de comer al hambriento, tanto de espíritu como de forma secular, en fin, a formar parte de los milagros que realiza el Señor, a actuar en ellos.

Reza un dicho que la mejor forma de poder enseñar a otros es con el ejemplo, es a través del amor, agradeciendo todo lo bueno y malo que ocurra y correspondiendo correctamente a Dios. Es muy cierto que nadie es perfecto, ni lo será jamás, pero ayudando a otros de forma positiva, incidiendo en un cambio en nuestro entorno y respetando al prójimo, se logra un buen acercamiento hacia aquel que, si lo es, garantizando que existirá luz ante la sombra.

Seamos parte de los grupos que realizan la labor de dar a los mas necesitados, especialmente a los que se encuentran hambriento, siendo este un acto de misericordia, sigamos el ejemplo de nuestro señor Jesucristo, apoyemos para ver en otros una sonrisa de agradecimiento, esta buena acción sera tomada en cuenta por Dios.

Recuerda también bendecir tus alimentos antes de consumirlo, para que este sea multiplicado en tu hogar y los hogares de todo el mundo, aquí te dejamos una pequeña oración para que lo hagas de una manera sencilla:

Señor Jesucristo, Dios Misericordioso

Gracias te doy por estos alimentos que voy a consumir

Te pido que bendigas a quienes con su sudor hicieron la compra, a quienes con amor lo prepararon y para que estos alimentos sean multiplicados en cada rincón del mundo

Te pido para que cada día sean menos las personas que padecen de hambre y que pongas en mi corazón el sentido de compasión para ayudar a quienes necesitan, así como tu lo hiciste en tu tiempo aquí en la tierra

Amén.

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Jesucristo, nuestro Dios en su estancia en la tierra dejo grandes enseñanzas con sus actos, conoce algunas de ellas en los siguientes artículos de interés:

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