Juan 17: Jesús ora por Sí Mismo y sus Discípulos

Dentro de la Biblia existen oraciones y pasajes con mayor reconocimiento que otros, uno de los más famosos es el de Juan 17, este trata de los últimos días de Jesucristo en la tierra, ¿Te gustaría saber de qué trata y su interpretación? Sigue leyendo este artículo, te encantará.

Juan 17

La importancia de Juan 17

Juan 17 es la oración más extensa de Jesucristo en la Biblia, esta ocurre en el periodo final del Hijo de Dios en la Tierra. Cristo les explica a sus seguidores que antes de lo que se imaginan él ya no estará físicamente con ellos.

Pero esto no es razón para entristecerse, de hecho les da indicaciones sobre lo que pasará después de su muerte y Él les pide que sigan hacia adelante, no es el fin del mundo. La oración de Juan 17 es muy amplia y por eso se divide en tres secciones:

  1. Juan 17 1-5: Jesús ora por sí mismo. Sabe que es hora de regresar al lado de su Padre, Dios todopoderoso.
  2. Juan 17 6-19: Cristo reza por sus discípulos, es momento que ellos tengan una nueva misión.
  3. Juan 17 20-26: Pide por aquellos que creyeron en él, así les pide llevar el mensaje de sus enseñanzas a todos los rincones.

Al ser una oración tan extensa, en este artículo trataremos con detalle cada uno de sus pasajes y los interpretaremos, para así despejar las dudas que tengas en el camino.

Juan 17

Primera parte de Juan 17

Es esta primera parte de San Juan 17, se basa en que Jesús oró por sí mismo, algo poco común, pero no significa que sea un gesto egoísta, cuando nosotros buscamos acercarnos a Dios, lo primero que hacemos es colocar nuestro propio corazón primero.

Nuestra vida, sentimientos, palabras, las mismas deben de afinarse a la perfección con Dios, esto no es egoísmo, sino algo esencial, tras soltar primeramente lo que nos afecta y nos duele e inquieta en el alma, podemos orar por otros.

Juan 17: 1

 “Jesús habló y levantó los ojos al cielo, comentó: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti”

Ya Jesús, hijo de Dios Todopoderoso, estaba al tanto que su tiempo en la tierra estaba próximo a cumplirse, no debía de extenderlo, ni aferrarse, sino reclamar su lugar en el trono celestial junto a su progenitor, para así la gloria y el reconocimiento bañe a ambos, esto nos explica en su primera parte.

Juan 17: 2-5

 “Como me has dado potestad sobre toda carne, para que de vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero  y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra;  acabé la obra que me pediste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame a tu lado.”

El hijo de Dios estaba al tanto de que su obra que realizó en la tierra tuvo buenos resultados, consiguió que todos los que escucharon su palabra fuesen capaces de entender que sólo había un Dios.

Él era el hijo, el encargado de hacer cumplir la misión del padre creador. Jesús estaba pidiendo el reconocimiento a su lado, aunque sabía que lo lograría y quedaría marcado por el resto de la historia. Ya que su muerte en la cruz iba a ser una realidad. Pero era fuerte, con este sacrificio quedaría en claro su grandeza y el amor que tiene por todos nosotros sus hijos.

Segunda parte de Juan 17

En esta segunda parte del Juan 17, Jesús se encargó de pedir por aquellos que le conocieron personalmente, fueron escogidos y enviados por Jesús para esparcir la palabra por el mundo, sabía quiénes iban a verle morir en la Cruz y luego resucitar.

juan 17

Los apóstoles eran personas que si era necesario iban a dar su vida por Dios, el Evangelio y, por supuesto , iban a seguir siempre al hijo de Dios Padre Todopoderoso.

Por eso Jesús oró por ellos, porque eran sus amigos, sabían que cuando Él no estaría, la vida podría ser difícil, pero no era razón para que todo acabara, Cristo le pide a su padre que los tenga en gloria.

Juan 17: 6-9

“He enseñado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran,y me los diste, y han empezado a creer en tu palabra. Ahora conocen que todas las bendiciones que me has dado, proceden de ti; Las palabras que me enseñaste, se las he impartido;  ellos las recibieron, y han aprendido verdaderamente que salí de ti, y  creen que tú me enviaste.  Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son.”

Jesús aquí hablaba de la importancia de sus discípulos, esa bendición que Dios Padre le había otorgado, les encaminó de la forma correcta para así creer en el Creador y con ello aprendieron que Jesús sí es hijo de Dios.

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Juan 17: 10-14

 “Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío;  Y ya no estaré aquí; pero ellos se quedan. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu gloria, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo los guardé en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió. Pero ahora voy a ti; y hablo esto, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he di tu palabra; y el mundo la detestó, porque no son de este mundo, igualmente yo tampoco lo soy.”

Jesús seguía dejando en claro el amor que tenía por sus discípulos, esa sagrada bendición, sus amigos, sus compañeros en esta travesía, ´Él le solicitaba a Dios para que hubiese unidad y jamás se separasen.

Ninguno se perdió de las enseñanzas, excepto Judas, pero él era necesario para que la profecía se cumpliese, por eso Cristo al saber que llegaría nuevamente a estar al lado de su padre, le suplicaba al Creador que tuviesen bendiciones luego de que abandonara el plano terrenal.

Juan 17: 15-19

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son de este plano, como tampoco yo soy de aquí, mi Padre Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste acá, yo les pido que sigan el mismo camino. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.”

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Cristo no pedía el ascenso de sus apóstoles al plano celestial y así estuviesen con Dios Padre, Jesús sólo quería que siguiesen con su vida, pero que la desgracia no cayera en ella, la protección de todo mal, que estuviesen bajo el sagrado velo de Dios.

Los apóstoles son una bendición que no son de este mundo, por eso tienden a mirarlos con desdén, pero poco importaba, ya que Jesús tampoco era de la tierra. Todos aquellos que fuesen bañados por la palabra de Dios sólo iban a tener bendiciones en su camino.

Por eso la misión de los discípulos era esa, seguir las enseñanzas de Cristo,  la palabra de Dios no podía acabar con la muerte del hijo, sino debía continuar, por esta razón Jesús se sacrificó en la Cruz, para que la gloria igual bañe a sus seguidores.

Ellos repartirán la palabra de amor de un ser tan grande y divino, que se santificó de la forma más cruel y dolorosa para dejar en claro que su muerte era tan nimia en comparación al amor que nos da Dios fuera del plano terrenal.

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Tercera parte del pasaje

Jesús ora por los creyentes, ya que todos aquellos que tuvieron la confianza y depositaron fe en Él, siguieron sus pasos con fidelidad merecen un reconocimiento, sabía que eran un engranaje esencial para que la palabra de Dios se siga escuchando por los siglos de los siglos.

Juan 17: 20-22

“No ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.”

Jesucristo, hijo de Dios Padre en su infinita misericordia, sabía que su misión y sus rezos no sólo podían ser para sí mismo y sus discípulos, sino también por sus seguidores, aquellos que empezaron a creer en el poder del Creador y las bendiciones que él es capaz de realizar.

Los seguidores son una parte fundamental de la misión de Cristo, ellos igual merecen ascender a una vida eterna, bañados en la gloria y gracia de Dios, ya que la verdadera recompensa en esta vida es lograr ser uno con el Padre Creador.

Juan 17: 23-24

“Yo en ellos, y tú en mí, para que seamos perfectos en unidad, para que el mundo sepa que tú me has enviado, que los vas a amar a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

Esa era la recompensa, el mayor deseo que ansiaba Cristo, primero dejar en claro que a pesar de que el Padre lo amó con inmensidad y de forma ciega, ese aprecio igual iba a ir a sus seguidores a los que empezaron a escuchar la palabra, los que la recitan fielmente en cada noche.

La gloria de Jesucristo no es algo que Él solo logró, sino cada persona que lo acompañó en su camino, aunque sea por unos cortos metros, tiene parte de su reconocimiento, por eso los fieles creyentes merecen ir al cielo y recibir el amor y paz que nos trae la otra vida.

Juan 17

Juan 17: 25-26

“Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos y yo en ellos.”

Jesucristo, estaba al tanto que su padre, Dios no era conocido todavía en todos los rincones del mundo, pero sus discípulos, sus seguidores, todo aquel que le apoyó aprendieron que existía un hijo de Dios, una deidad llena de amor capaz de sanar todos los pecados del mundo.

El nombre de Dios se hizo conocido, pero con la muerte de Cristo no iba a acabar aún esto, el amor del Padre Creador se seguirá repartiendo, sus seguidores dirán que hubo un hombre que fue a la cruz y murió por ellos, porque los amó y ese gesto se volverá tan famoso, será una historia que jamás se olvidará, ya que Él estará siempre en todos nosotros.

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