Descubre todo sobre San Álvaro de Córdoba

San Álvaro de Córdoba fue un predicador dominico quien es reconocido como santo milagroso a pesar de no estar canonizado. Conoce más de su historia aquí.

SAN ALVARO

Álvaro

Antes de comenzar hablar de San Álvaro de Córdoba conozcamos un poco sobre el origen del nombre de este reconocido santo, quien dedicó su vida a predicar el evangelio y a estudiar la palabra sagrada. Por el momento histórico en que este nombre aparece en España.

Se cree que el nombre de Álvaro viene de la remesa de nombres germánicos que introdujeron los godos. Por supuesto que es una variación de los nombres originales de los cuales pudo haber derivado el nombre de Álvaro, entre los que se pueden señalar Alberico o Albérigo.

De estos nombres cuando se desarticula y se busca el significado de sus raíces encontramos que el significado originario del nombre es “Oso Noble”. De donde se sustenta esta afirmación pues de la siguiente explicación, se supone que originalmente podría estar formado por Athal que significa noble y Bera que significa oso. Es importante señalar que no es la única interpretación que se le da al origen del nombre.

También se ha indicado que pudo haber surgido de Al-wars, que  significa “Absolutamente atento” o “Atentísimo“. Y por último y es uno de los más reconocidos significados que dan origen al nombre Álvaro es que proviene de Athal-ward cuyo significado sería “Guardia o guardián noble“.

SAN ALVARO

Debido a la variedad de posibilidades que indican los estudios del origen y significado del nombre Álvaro, podemos seleccionar el que mejor se ajusta a las aspiraciones de cada uno. Lo que si es seguro y se encuentra sustentado en la historia es que el nombre de Álvaro llegó a ser un nombre muy utilizado en la Edad Media.

Como sabemos los apellidos surgían del nombre y la prueba irrefutable de que Álvaro era un nombre común para esa época es que existen una gran cantidad de ramas de Álvarez que se originaron en España y que se mantienen hasta la actualidad, de hecho es un nombre que se asocia a personalidades distinguidas y de abolengo.

Conociendo entonces el origen del nombre de Álvaro y en virtud del personaje a quien dedicamos este artículo que es San Álvaro de Córdoba, podríamos elegir “Absolutamente atento y Guardián Noble“, sin temor a equivocarnos, y ya conoceremos la razón.

San Álvaro de Córdoba fue un dominico que nació en la ciudad de Córdoba a principios del siglo XV específicamente en el año 1430, vivió y falleció en esa ciudad. San Álvaro de Córdoba tenía como oficio ser predicador, en la mayoría de los casos los frailes dominicos eran reconocidos como una orden a la cual pertenecían los Predicadores.

San Álvaro de Córdoba, practicó este ministerio tanto en España como en Italia. San Álvaro de Córdoba tenía la maravillosa cualidad de ser un excelente orador, además de ser un fraile de una reconocida espiritualidad, tanto era así que la reina Catalina de Lancaster, esposa del Rey Enrique III de Castilla, lo seleccionó para que fuera el director espiritual del palacio, además lo nombró educador y consejero del infante Don Juan.

Con solo este primer pasaje de la vida de San Álvaro de Córdoba podemos reconocer que era atentísimo al aceptar guiar la vida espiritual de los reyes de Castilla y guardián al guiar y cuidar la vida de su infante. Cuando Juan II fundó el convento de Scala Dei solicito a San Álvaro de Córdoba se hiciera cargo, asignándole la dignidad de prior, sin embargo, San Álvaro de Córdoba rehusó el nombramiento ya que deseaba dedicarse por completo a cultivar el espíritu.

Biografía

Álvaro de Córdoba, nació a mediados del siglo XIV, en Zamora en el año 1360, esta fecha no está confirmada. Ingresa a la Orden de Predicadores en el año de 1368. Luego de una carrera como predicador desarrollada por toda España, paret de Francia e Italia, se convierte en el confesor de la reina Catalina de Lancaster y del futuro Juan II de Castilla.

En una peregrinación realizada por el Fray Álvaro en Tierra Santa en el año de 1419, quedó fuertemente conmovido por el doloroso camino recorrido por Jesucristo hasta llegar al Calvario. Esto lo inspiró para proponerse a fundar un convento que ubicó en las afueras de Córdoba,  el Convento de Scala Coeli.

Mi nombre es un Santo San Álvaro de Córdoba

Esta sagrada representación del camino del Calvario sirvió de inspiración para que fuera imitada por otros conventos, de esta manera se da vida a la hermosa devoción de la “via dolorosa” o mejor conocido como el Vía Crucis, el cual se convirtió en una devoción que se mantiene aún en nuestros días.

Fray Álvaro de Córdoba murió en Córdoba el año 1430, luego de una lamentable enfermedad y fue sepultado en su convento. Su culto fue autorizado en el año de 1741 por Benedicto XIV y las cofradías de Córdoba tienen al Beato Álvaro como Patrono.

San Álvaro de Córdoba

Hijo del Maestre primero de Calatrava Martín López de Córdoba y su madre Sancha Alonso Carrillo, nace Álvaro López de Córdova y Carrillo en el año no confirmado de 1360. Fue bautizado en la iglesia de San Nicolás de la Villa. Desde muy joven tenía inclinación por los estudios, la lectura y decidió seguir una vida de claustro, ingresando al Convento de San Pablo de la Orden de Santo Domingo ubicado en la capital cordobesa.

No tardó mucho en surgir en su vocación ya que se caracterizaba por ser una persona de mucha fe, siendo también muy cariñoso y amoroso con el  prójimo.  Aún muy joven se convirtió en  profesor de Artes y Teología, con su facilidad de verbo y oratoria, acompañado por sus estudios  en las sagradas escrituras, logra ganar discípulos que seguían con atención e interés su doctrina.

SAN ALVARO

Siempre fue en vida una persona consagrada a la palabra, al estudio y también a llevar a otros a través de sus enseñanzas a la espiritualidad. Esa constancia le confirió ganara el título de Maestro en Teología, el cual recibió en la ciudad de Salamanca, además era reconocido por sus discípulos como un sabio y excelente profesor.

Siguiendo los pasos de su hermano de Orden San Vicente Ferrer, San Álvaro de Córdoba decide recorrer toda España, así como varias ciudades de Francia e Italia, llevando la palabra sagrada y sus interpretaciones y estudios. San Álvaro de Córdoba era siempre bien recibido y respetado en todas las ciudades que visitaba, las personas siempre lo escuchaban con atención y era reconocido como heraldo y mensajero de Jesucristo.

Siguió llevando a todas partes la evangelización contribuyendo de manera muy eficaz a sustituir la el cisma de Occidente, la cual fue una crisis surgida en la iglesia católica en el siglo XI, que se originó con la muerte de Gregorio XI quien había mudado a Roma la sede papal, la cual se encontraba en Aviñón. Esta crisis interna dejó muy mal vista a la iglesia, y San Álvaro de Córdoba logró borrar esa imagen negativa con sus prédicas.

Al regresar a España, siendo ya reconocido por su sabiduría y santidad, es cuando es llamado, como hemos indicado con anterioridad, por a reina Catalina de Lancaster. Aceptando entonces la responsabilidad de ser el confesor y educador religioso de la corona, logra con las limosnas ahorradas dadas por la corona, comprar la Torre Berlanga en donde fundó el convento llamado Santo Domingo de Escalaceli.

Cuando eligió ese lugar reconoció en él su gran parecido con las formas geográficas de Jerusalén, lo que lo inspira después de la construcción del convento, cuya historia tiene asociada un milagro concedido en solicitud del Fray Álvaro, porque se cuenta que se agotaba el dinero para su construcción, y una gracia divina permitió tener todo el material necesario para su construcción.

En función entonces de su parecido con Jerusalén, San Álvaro de Córdoba funda alrededor del convento varias ermitas, una era la Cueva de Getsemaní, conocida hoy en día como la Ermita de San Álvaro, esta ermita se encuentra ubicada al este del convento. Se cuenta que tras el valle del torrente Cedrón y sobre el cerro San Álvaro de Córdoba tenía como tradición subir y bajar rezando de rodillas.

Otra de las Ermitas es la de la Santa Cruz que se encuentra ubicada al norte del convento y por último la Ermita de Santa María Magdalena que se encuentra al oeste del convento. Estas dos últimas ermitas eran utilizadas por el Santo para su retiro y oración.

Reconocida como una de las obras más significativas realizadas por San Álvaro fue la que realizó al Sur del Convento, específicamente en el Monte Calvario, en donde emuló el Monte donde fue crucificado Jesús, allí colocó tres cruces y realizó el primer viacrucis, tradición que se mantiene viva hasta nuestros días.

SAN ALVARO

Luego de construido el convento, San Álvaro de Córdoba inicia la orden haciéndose acompañar por siete frailes, quienes se dedican con todo empeño a darle vida espiritual a aquel entorno. Existe una leyenda muy hermosa que acompaña a San Álvaro y que permitió también que el convento fuera verdaderamente reconocido por todos como un lugar sagrado.

Cuentan que Fray Álvaro regresaba de realizar su labor evangelizadora en la ciudad, cuando se topa en su camino con un mendigo, que se encontraba en un estado muy delicado y hambriento. Fray Álvaro se inclina a su lado y lo invita a ir al convento para ayudarlo y alimentarlo, sin embargo, las condiciones del pobre mendigo eran tales que no podía ponerse de pie.

Entonces Fray Álvaro lo abriga con su capa, lo levanta y se lo coloca en los hombros y comienza andar hacia el convento, cuando llega a la puerta del convento descubre que llevaba en sus hombros a Cristo crucificado.

Fray Álvaro fallece un 19 de febrero, día en el que se celebra su onomástico. La Orden Dominica y el pueblo piden aún hoy a Roma la canonización de San Álvaro de Córdoba. El Papa Benedicto XIV aprobó su culto como beato en 1741 para Córdoba y la Orden de Santo Domingo.

SAN ALVARO

Sin embargo, la devoción que los feligreses veneran a San Álvaro y al Cristo no necesitan el reconocimiento de la iglesia para venerarlo como un Santo. Su manifestación se muestra todos los años en la tradición popular que se realiza en Córdoba en la famosa Romería de Santo Domingo.

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