Descubre las 15 Poderosas Oraciones de Santa Brígida

Santa Brígida fue una mujer entregada a la vida espiritual con la bendición de ser elegida para recibir las revelaciones de Dios. Creó las 15 oraciones de Santa Brígida. Escritora y teóloga dejó en vida para todos el libro de las revelaciones y 15 poderosas oraciones que conocerás en este artículo.

ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA

Santa Brígida

Santa Brígida nació de la unión de Ingeborg su madre y Birgerio su padre  en Upsala ciudad de Suecia, en el año 1303. Ambos padres tenían directa o indirectamente una vida política. Su madre era hija del gobernador de la Gotlandia oriental y su padre era gobernador de Uplandia.

La familia de Brígida tenía como herencia antepasados con gran arraigo religioso. Sus abuelos y bisabuelos realizaron peregrinación hasta la tierra santa Jerusalén y sus padres eran asiduos de la iglesia en donde se confesaban y comulgaban todos los viernes.

Eran una familia pudiente además con responsabilidades políticas importantes, por ello, empleaban sus riquezas para construir conventos e iglesias, así como para ayudar a los más desvalidos y desprotegidos, ese era entonces el entorno donde crecía Brígida.

A diferencia de los otros niños, a Brígida le gustaba oír a su madre cuando leía la biografía de los Santos. Con tan sólo seis años de edad, Brígida tuvo su primera revelación. Se le apareció la Virgen y la invitó a seguir una vida santa, para agradar a Dios.

A la edad de 12 años Brígida queda huérfana de madre, a pesar de tener varios hermanos incluso mayores que ella, es una tía quien se hace cargo de la educación de Brígida, en la ciudad de Aspenas. Brígida siempre fue una niña muy precoz en muchos aspectos, se dice que hablaba con perfecta dicción a la edad de tres años, pero no sólo era su pronunciación sino la madurez de sus opiniones que llamaba la atención.

Siendo criada en una familia de tendencias políticas y con una situación económica cómoda, a pesar de tener tendencias innatas de bondad y devoción, la misma Brígida confesaba haber sido educada con tendencias a ser una persona presuntuosa y orgullosa.

Brígida contó que a la edad de siete años tuvo una visión de la madre de Dios, Reina de los cielos. Asistía a la iglesia con regularidad y compromiso cristiano, en una oportunidad a la edad de diez años, luego de oír el sermón de la Pasión de Cristo, esa noche soñó que veía al Señor en la cruz, clavado de sus manos y pies y escuchó de él “Mira en qué estado estoy, hija mía.” En el sueño ella sostuvo una conversación con Jesucristo y le preguntó desde su inocencia “¿Quién le había hecho eso?” y Cristo le contestó: “Los que se burlan de mi amor y sienten desprecio por mí.”

Ese momento más que un sueño, para Brígida fue una visión, una revelación de la Pasión de Cristo que la marcó para el resto de su vida, desde ese momento se entregó a la Pasión del Señor convirtiéndose en la guía de su vida espiritual.

Con apenas 13 años, contrajo nupcias con el joven Ulf Gudmarsson, quien tenía para ese momento 17 años. Brígida y Ulf tuvieron un matrimonio feliz, que duró casi treinta años. Brígida tuvo una descendencia de 8 hijos de los cuales fueron 4 hijos varones y 4 hijas hembras.

Como una mujer felizmente casada y con una familia numerosa, Brígida no vivía de manera distinta a las otras familias y personas de la época, sin embargo, en esa vida feudal ella le dedicaba tiempo a las amistades con hombres sabios y virtuosos.

Su legado de mujer espiritual, no fue en vano ya que lo continuó una de sus hijas, quien sin esfuerzo sino al igual que su madre de una manera natural mantuvo una vida espiritual, actualmente es venerada con el nombre de Santa Catalina de Suecia.

El mantenerse en contacto con personas de cierta influencia, le permitió tener la oportunidad de pertenecer a la corte del Rey Magno II. Esto sucedió en el año 1335, Brígida fue convocada por el joven rey para que fuera la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur.

Al poco tiempo de formar parte de la corte Brígida se dio cuenta que su presencia en la corte tendría que ir mucho más allá de las responsabilidades que le habían sido encomendadas. El rey Magno II era un hombre con problemas de vicio, mientras que la reina Blanca de Namur era irreflexiva y le gustaba una vida de lujos y banalidades.

Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. Brígida hizo lo que estuvo en sus manos para ayudar y cambiar esas cualidades en los reyes, no obstante, no tuvo éxito con eso ya que los reyes no la tomaban muy en serio.

En la historia de vida de Brígida no se tiene una fecha con exactitud de cuándo comenzó a tener sus visiones, esas que con los años la hicieron famosa. Las visiones de Brígida eran muy variadas, no eran sobre un único tema, podía pasar de visiones triviales a visiones con mensajes de gran importancia, sin embargo, al igual que con sus insinuaciones y acciones para mejorar las cualidades de los reyes, los cortesanos tampoco tomaban en serio las visiones de Brígida e incluso en son de burla y de manera irónica le preguntaban en las mañanas ¿Con que soñó Doña Brígida?.

Como un ser humano normal ya que todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido problemas familiares, Brígida no es la excepción. Una de sus hijas había contraído nupcias con un noble, al cual Brígida apodaba “el Bandolero”.

También tuvo la pérdida de uno de sus hijos menores Gudmaro, la tristeza y el dolor la llevaron a ser una peregrinación hasta Trodhejem, en donde se encuentra el santuario de San Olaf de Noruega. Las oraciones fortalecieron a Brígida quien intentó con gran dedicación cambiar los vicios y tipo de vida de los reyes, sin embrago, no lo logró por lo que pidió retirarse de la corte.

Realizó junto a su esposo luego de salir de la corte una peregrinación hasta Santiago de Compostela, a su regreso Ulf, enfermó de gravedad tanto que recibió los sacramentos ya que no le daban esperanza de vida. Brígida oraba con fervor para que su esposo recuperará la salud, tuvo una visión en la San Dionisio le dijo que no sufriera más, “su esposo no morirá”. Ulf se recuperó y Brígida le confesó su visión y revelación hecha por San Dionisio, lo que marcó el inicio de la consagración a la vida religiosa de ambos.

Ulf se fue al monasterio cisterciense de Alvastra y Brígida se quedó en claustro durante 4 años en Alvastra se apartó del mundo y se dedicó a la penitencia, eliminó de su vida todo lo lujoso y sólo utilizaba como vestimenta túnicas y velos de lino. Las visiones y revelaciones se hicieron más frecuentes en su vida luego de dedicarse a la espiritualidad, eran tantas que sintió temor de estar siendo asechada por el demonio o simplemente estar volviéndose loca.

Pero había una visión que se repetía y le indicaba que tenía que ponerse a la orden del maestro Matías, quien era un un canónigo muy sabio de Linkoping, fue él quien le dijo  que sus visiones procedían de Dios, fue entonces que Brígida entendió la importancia de sus revelaciones y de allí en adelante las comunicó todas hasta su muerte a Pedro el prior de Alvastra, él transcribió cada una de ellas al latín.

La estancia en Alvastra terminó con una visión en la que Dios le ordenó a la santa que fuese hasta la corte para que amenazara al rey Magno con el juicio divino; Brígida cumplió con el mandato, logrando que Magno se corrigiera durante un tiempo, dentro de los beneficios obtenidos el rey dotó el monasterio que la santa Brígida había fundado en Vadstena. Este monasterio lo había fundado, por mandato de otra visión.

El monasterio de Vadstena se convirtió en el principal centro literario de Suecia en el siglo XV. Las visiones de Santa Brígida continuaban y con base en una de ellas le envió a Clemente VI una carta en la que le indicaba la urgencia de viajar de Aviñon a Roma para lograra la paz entre Inglaterra y Francia.

Pero el Papa se negó a salir de Aviñon y envió a un obispo para que disuadiera a Felipe IV, pero la misión no tuvo éxito. Las órdenes que eran dadas por el Señor a Brígida debían ser cumplidas tal como las indicaba, seguramente por esto no se logró la paz.

El rey Magno, trató de hacer intervenir a Brígida en una cruzada contra los paganos letones y estonios, pero la verdad es que ella sería utilizada con otras intenciones, sin embargo, no se dejó engañar y trató de hacer cambiar de opinión al rey, pero lo único que logró fue perder el favor o ayuda de la corte, pero el pueblo nunca dejó de quererla, siempre fue amada por lo más desposeídos.

En 1349 decidió viajar a Roma, se hizo acompañar de su confesor Pedro de Skeninge, su pueblo la despidió muy afligido porque sentían que era la última vez que verían a Santa Brígida. Para esa época la muerte negra, se encontraba establecida en Europa y hacia verdaderos estragos en la sociedad.

Brígida se estableció en Roma, vivía en las cercanías de San Lorenzo en Dámaso. Al llegar a la ciudad de manera inmediata comenzó a atender a los enfermos, tenía especial atención con sus compatriotas, le daba de comer a los peregrinos suecos en su propia casa.

A pesar de estar siempre muy ocupada, asistía diariamente a la iglesia, se confesaba y comulgaba todas las veces que se le permitía. Su entrega y compromiso para con la iglesia y el pueblo, la hacía sobresalir de todo el entorno corrupto, lleno de violencia, y vicios que se había instaurado en Roma. La Iglesia estaba en verdadera ruina y el pueblo sólo quería escapar de sus tiranos.

Sangre y Agua - Oraciones de Santa Brígida por 1 año

Con su comportamiento siempre impoluto ante la iglesia, su constante devoción, su entrega al cuidado, ayuda y amor dirigido a los más necesitados, no tardó en dar sus frutos, fue querida por muchos. Pero su ministerio apostólico era dirigido por un hombre mundano quien fue en ocasiones reprendido, la santa Brígida hizo también mucho para mejorarlo, pero en realidad tuvo más éxito  en el convento de Bolonia, a este convento llegó su hija para acompañarla y ayudarla y nunca más se fue de su lado, ella es Santa Catalina.

En Roma existen dos iglesias que se encuentran muy relacionadas con santa Brígida, la iglesia de San Pablo y la iglesia de San Francisco de Ripa. En ambas iglesias se encuentran algunas piezas como por ejemplo el crucifijo en el cual se inclinaba a orar santa Brígida.

Brígida tenía muchas profecías y revelaciones que eran algunas hasta inaceptables para la época en la que vivía. Cuando predijo, la reunión entre el Papa y el emperador en 1368, era difícil de creer que algo así sucediera, sin embargo, ocurrió.

Habían profecías que eran de total rechazo y que en ocasiones traían consecuencias negativas para ella, hubo una oportunidad que fue echada de su casa y tuvo que incluso pedir limosna junto a su hija en el convento de las Clarisas. Pero nada de esto la detenía.

Brígida se fue de peregrinación a Amalfi, allí tuvo una visión en la que Dios le indicó la próxima y cercana muerte del Papa. Brígida fue a entregar la noticia y solicitar la necesaria aprobación de la regla del convento de Vadstena, la cual ya había entregado en varias oportunidades para su aprobación, sin obtener respuesta.

Brígida se dirigió a Montefiascone donde Urbano aprobó la fundación y la regla de Santa Brígida, que completó con la regla de San Agustín, cuatro meses después de ello  murió el Pontífice. En respuesta a otra visión emprende otro viaje de peregrinación en el año 1371, en esta oportunidad la acompañan sus hijos Carlos, Bingerio y su hija Catalina, acompañándolos iban otras personas. Apenas iniciando el viaje se presentó un inconveniente su Carlos se enamoró de la reina Juana I.

La reina Juana I no tenía una buena reputación, además su hijo Carlos estaba casado y su esposa se encontraba en Suecia, mientras que la reina Juana I también se encontraba casada. Esto era inaceptable para santa Brígida quien se puso a orar, las oraciones de santa Brígida eran intensas y constantes, necesitaba ser escuchada y que Dios realizara una acción para evitar que su hijo Carlos cometiera un error.

Dios tiene sus maneras de solucionar y de escucharnos y algunas veces son muy distintas a las esperadas, en esta oportunidad Carlos se enfermó gravemente y falleció en solo dos semanas en los brazos de su madre. Santa Brígida era muy exigente y estricta con ella misma, así que continúo su viaje a Palestina, aun cuando estaba sumida en la más profunda tristeza.

En su viaje sucedieron situaciones que pusieron en peligro su propia vida, como cuando casi muere ahogada en un naufragio en Jaffa, a pesar de todas sus vicisitudes,  santa Brígida tuvo muchas consolaciones espirituales y continuas visiones sobre la vida del Señor.

Un año después ya regresando de tierra santa, se detuvo en Chipre, en donde las oraciones de santa Brígida se hicieron sentir con fervor, oraba con fuerza para que terminara la corrupción de la familia real, también cambiará el comportamiento de los habitantes de Famagusta.

La ciudad de Nápoles en donde también estuvo en su viaje de regreso hizo sus oraciones de Santa Brígida. El clero de la ciudad también hizo publicas las profecías de Santa Brígida, aunque como de costumbre éstas no tuvieron el efecto esperado en el pueblo.

En marzo de 1373 llegó a Roma, pero Brígida se encontraba enferma, a partir de ese momento santa Brígida empezó a perder sus fuerzas y lamentablemente sólo a tres meses de su llegada a Roma falleció, su fiel amigo el Padre Pedro de Alvastra le dio sus últimos sacramentos.

Brígida tenía 71 años cuando falleció, fue sepultada en la iglesia de San Lorenzo en Panisperna, sin embargo, ese no sería el lugar donde descansaría su cuerpo de manera definitiva. Su amada hija Santa Catalina y su fiel amigo Pedro de Alvastra, pudieron trasladar las reliquias de Brígida a Vadstena, no sin antes pasar por Dalmacia, Austria, Polonia y Danzig. En el año 1391 fue canonizada convirtiéndose en Santa Brígida la patrona de Suecia, sus restos reposan en la abadía que ella fundó. Santa Brígida logró tener 70 conventos de monjas en toda Europa.

Por supuesto que santa Brígida ha sido mucho más conocida por sus visiones que por las oraciones de santa Brígida, porque ella fue bendecida con las consagraciones del Señor, donde en la mayoría de los casos se encontraban referidas  al sufrimiento de la Pasión de Jesús, en ocasiones le entregaba información de acontecimientos importantes de su época.

Como indicamos se escribió un libro con todas y cada una de las revelaciones que el Señor entregó en vida a santa Brígida, sin embargo, la iglesia tiene sus reservas cuando se refieren a ellas. Existe una recomendación de que estas escrituras pudieran servir para instruir a los creyentes, sin embargo, hay muchos del clérigo que se oponen a ello.

Torquemada que fue quién sugirió su uso, encuentra que el libro es ortodoxo y que las revelaciones en él escritas no carecen de una elevada probabilidad histórica. El Papa Benedicto XIV, indicó en su momento que no deberían dársele a las revelaciones de santa Brígida el asentimiento de fe divina, indicando que lo correcto es darle el crédito que merecen pero desde la perspectiva humana, que se debía ser prudente.

Las 21 promesas de Jesús a Santa Brígida

Santa Brígida en todo el tiempo que fue bendecida con cada una de las revelaciones entregadas por Dios, las sometió a las autoridades eclesiásticas, siempre actuó con humildad y mucha sencillez, nunca se vanaglorió por tener esa Gracia, sólo las usó para fortalecer su obediencia y crecer en amor. Su libro de revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.

Oraciones de Santa Brígida para todos los días

Las oraciones de Santa Brígida las recibió en sus revelaciones directamente de Nuestro Señor Jesucristo y de Nuestra amada  Madre la Santísima Inmaculada Virgen María. Nuestro amado Padre Redentor y su Santa Madre la Virgen María entregaron a través de Santa Brígida, estas oraciones que entregamos a continuación.

Es importante ponernos en oración y hacer que cada una de estas oraciones  sea conocida por todos, esta es una hermosa manera de agradecer a Santa Brígida la entrega de la Palabra de Dios y su Santísima Madre la Virgen María.

Primera oración

Iniciamos con la primera de las quince oraciones de Santa Brígida, estas oraciones de Santa Brígida debemos realizarlas durante un año completo, es lo que se recomienda, la constancia en nuestras peticiones a través de las oraciones de Santa Brígida nos acerca a Dios, nos mantiene en permanente contacto, seremos escuchados. Empecemos:

Jesús mío, Padre mío, tú eres eterna dulzura para todos aquellos que te amamos, eres gozo supremo, mucho más que todo gozo y deseo. Eres nuestra salvación y esperanza. Infinitas pruebas nos has entregado, con tu sacrificio sólo para mostrar que tu mayor deseo es estar siempre con nosotros; ese inmenso y  sublime deseo, ese inmenso y bendito amor, te llevó a aceptar y llevar la naturaleza humana.

Hermoso verbo encarnado, no olvides aquella Santa Pasión que por nosotros abrazaste, todo para cumplir con los mandatos del plan divino de reconciliación de Dios con su creación. Recuerda Padre amado Señor nuestro tu última cena, en ese hermoso momento rodeado por tus amados discípulos, cuando en amorosa entrega lavaste sus pies, y entregaste tu precioso cuerpo y sangre. Recuerda también mi Señor que fue necesario tu consuelo después de anunciarles tu ya cercana Pasión.

Encontrando en el huerto de los Olivos, ¡Oh Padre Misericordioso!, donde ocurrieron los momentos más tristes de tu Sagrada Pasión, allí donde te invadió una de las más grande tristeza y la más dolorosa de las amarguras por ti sufridas, tan fuerte y doloroso fue aquel momento que te llevaron a exclamar  invadido y dominado por el horror y la angustia: “¡Mi alma está triste hasta la muerte!”.

Tres horas de inmensa agonía tuviste que padecer en aquel jardín; todo el miedo, toda la angustia y todo el dolor que en ese lugar padeciste, ¡fueron tan grandes!, que sudaste sangre copiosamente mi Señor. No hay manera de describir aquel momento, no hay humano que logre describir todo el dolor y todo tu sufrimiento.

Ese momento fue el más sufrido tanto más que el resto de tu pasión, fuiste obligado a ver pasar frente a tus divinos ojos todos los terribles pecados cometidos por nosotros, todos aquellos terribles pecados que se estaban cometiendo en todo el mundo y para mayor sufrimiento todos los pecados que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros de pecados que duraran hasta la consumación de los tiempos!, Cómo no sufrir quien sino tú eras capaz de sufrir ese horror.

Pero, tú fuiste consagrado en un amor que todo lo vence, aún a pesar de saber que sentirías el temor humano más grande, le dijiste a tu Padre: “¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!” De manera inmediata, tu Padre te envió un hermoso y precioso Ángel para que te confortara. Oraste 3 veces, pero era inevitable serias traicionado por tu discípulo Judas. Fue un enorme dolor el que te hizo sentir su traición.

Te identificaron y te arrestaron, el pueblo de esa nación la que tú mismo habías escogido y habías exaltado. Fuiste juzgado por tres jueces, unos testigos falsos fueron quienes te acusaron, se cometió el acto más injusto de toda la historia de la humanidad, Fuiste condenando a muerte tú quien vino a regalarnos la vida eterna!

Fuiste humillado, te despojaron de tus vestiduras y te cubrieron los ojos, los soldados romanos te rodearon y de manera inmediata comenzaron a abofetearte, y te bañaron de escupitajos y de salivazos, golpearon tu delicado cuerpo hasta el cansancio. Y con tus ojos vendados y ellos en risa y burla te retaban a que dijeras quién era el que te había golpeado.

Como si no fuera suficiente, de repente, te colocaron  aquella corona de espinas, la incrustaron en tu cabeza con fuerza, de mala manera y ¡rompieron tu carne, tus venas y tus nervios! Todo ello para ver con burlas tu condición de Rey, te entregaron un cetro que sólo era una vulgar caña que de manera obligada hicieron que la tomaras con tus sagradas manos.

¡Oh tu Padre sublime enamorado de nuestras almas!, cómo podrás olvidar cuando te ataron a la columna. ¡Cómo te flagelaron aquellas personas! Con saña y sin piedad algunas te azotaron, no quedó lugar de tu maravilloso cuerpo que no quedara herido, destrozado bajo los golpes recibidos con los látigos. Un cuerpo humano normal hubiese muerto con mucho menos de los golpes que tú recibiste. Esa escena era terrible: tus huesos y costillas eran visibles a todos. Cuánta furia descargada contra ti amado Padre.

Oh amado Jesús mío, en recordatorio de aquellos terribles tormentos que tuviste que padecer por nosotros antes de la crucifixión, por favor amado Padre concédenos antes de morir el verdadero arrepentimiento, no un falso arrepentimiento de nuestros pecados, ayúdanos mi Señor que podamos satisfacer por ellos, que de verdad  hagamos una santa confesión, permítenos tu llegada en la Santísima Eucaristía, y así, nuestra alma llena de ti, nos permita volar a tu encuentro. Así sea.

Debemos al finalizar la primera oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Segunda oración

En la segunda de las oraciones de Santa Brígida se hace énfasis en el sufrimiento al que fue sometido nuestro amado Padre Jesucristo, su pueblo ese que al que le dio la vida, por el cual creó la iglesia para que reconociera el camino y la palabra de Dios, lo humillaba, lo escupía, lo golpeaba y nuestro amado Padre en silencio soportaba, pero el dolor físico no era tan insoportable como el dolor que sentía en su alma. Oremos:

¡Oh tú gran Señor sé tú la salud y alimento de mi alma, entrega la libertad verdadera de los ángeles y santos!, convierte nuestro entorno en el paraíso de delicias, recuerda todo el horror y toda la tristeza que tu padeciste cuando ibas camino al lugar donde te esperaba aquella enorme cruz, cuatro clavos y esos verdugos que tenían tu sufrimiento humano en sus manos.

Recuerda cuando toda aquella incontrolada turba se apretaba a tu paso, y te escupían, golpeaban e insultaban de manera impune, convirtiéndote en víctima de las más horribles crueldades. Pero para nuestro asombro, eso no era lo que más te dolía, lo que más te causa dolor era la ingratitud de ellos, no eran los golpes que te infligían era quienes lo hacían, porque por ellos es que precisamente, llevabas aquella enorme Cruz sobre tus hombros ya destrozados.

Por todos los tormentos y maltratos, por los insultos e  insultos proferidas en tu contra, te pedimos Señor, tú  dueño de nuestra alma, que nos libres de nuestros enemigos, tanto de los que vemos como de aquellos que no vemos, y que bajo tu protección podamos lograr tal perfección y santidad, y nos merezcamos entrar a tu Reino junto a ti. Así sea.

Debemos al finalizar la segunda oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Tercera oración

En la tercera de las oraciones de Santa Brígida sus visiones le mostraron el dolor que padeció Jesús cuando su cuerpo fue estirado en la inmensa Cruz y rasgaron su piel, sus músculos, dislocaron sus huesos, un maltrato desmedido, innecesario. Oremos:

¡Oh Padre Redentor de nuestra existencia! Tú que aun siendo el creador del Universo, del cielo y de la tierra, de ángeles y hombres, ese que tiene todo el poder, que nada ni nadie puede abarcar ni limitar, tú que todo lo cubres y sostienes con tu poderoso amor, a pesar de todo ello permitiste que te mataran para consumar tu obra maestra, el hombre, para poder justificarlo ante ti mismo.

Amado Padre recuerda cada dolor sufrido, cada maltrato soportado por nuestro amor, recuerda cuando los judíos con enormes clavos atravesaron tus sagradas manos y pies. ¡Qué dantesca escena se produjo cuando con la mayor crueldad, tu maltratado y delicado cuerpo fue estirado en la Cruz porque era enorme y querían hacerte sufrir más de lo necesario e insistían  que tus manos y pies llegaran hasta los agujeros abiertos en el madero!

¡Con cuánta crueldad y furia hicieron más grandes tus heridas! ¡Era agregar dolor al dolor, te estiraron con violencia innecesaria en todas direcciones! ¡Señor de dolores!. Recuerda cuando todos tus músculos y tendones fueron estirados sin misericordia, tus venas se rompían, tu piel se desgarraba y tus huesos eran dislocados, cuánto dolor Dios mío. Cordero Divino, en memoria de todo lo ocurrido, en memoria de ese santo dolor por ti padecido te rogamos nos concedas la gracia de amarte y honrarte cada día más y más. Así sea.

Debemos al finalizar la tercera  oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Cuarta oración

En la cuarta de las oraciones de Santa Brígida fue la revelación del estado en el que se encontraba el cuerpo de nuestro amado Jesucristo, estaba herido, envuelto en llagas y bañado en sangre y aún con todo el maltrato conferido pidió el perdón para sus verdugos. Oremos:

¡Oh Padre Nuestro divino mártir de amor! ¡Oh, tú, médico celestial que sin ni siquiera expresar tu dolor te dejaste subir en la Cruz para que tu Padre por tus heridas permitiera que las nuestras fueran curadas! Recuerda cada una de esas conferidas heridas y la inmensa debilidad que sentiste de tus miembros, los cuales fueron distendidos a tal punto que nunca ha habido dolor semejante a que tu sufriste en ese momento.

Todo tu cuerpo desde la cabeza a los pies estaba cubierto de llagas, todo tu cuerpo sentía dolor, eras una masa de sangre y aun habiendo recibido todo ese maltrato, para sorpresa de tus verdugos, pediste  a tu Padre, el eterno perdón para ellos suplicándole: ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!

¡Oh Cristo amado y bendito! En reconocimiento de tu gran misericordia, porque en tu poder pudiste sin ni siquiera pensarlo enviar a todo ese mundo malvado a los abismos infernales, pero tu inmensa misericordia superó a tu justicia divina, concédenos un acto de contrición y la remisión total de nuestros pecados y no permitas que nunca  jamás volvamos a ofenderte. Así sea.

Debemos al finalizar la cuarta  oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Quinta oración

En la quinta de las oraciones de Santa Brígida revela toda el dolor por el que tuvo que pasar Jesús al serle revelado todas aquellas personas que serían condenadas por no tener la consagración  de los méritos de tu sagrada Pasión, por ellos tu sacrificio. Oremos:

¡Oh Jesús, espejo del resplandor de toda la eternidad! Recuerda cuándo pudiste contemplar en la luz de tu Divinidad, todas aquellas almas de los que fueron predestinados para ser rescatados por los méritos de tu Sagrada Pasión, pero también tuviste que ver aquella multitud de hombres que serían condenados por sus pecados. ¡Cuánto sufriste por ellos, cuánto pediste por ello, cuánto te compadeciste, oh buen Jesús, hasta de aquellos condenados, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con tu sangre, ni se alimentarían con tu carne Eucarística.

Por tu inagotable compasión y piedad, y recordándote de tu promesa al ladrón arrepentido, cuando le dijiste que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso, ¡Oh salud y alimento de nuestra alma! muéstranos esta misma misericordia en la hora de nuestra muerte. Así sea.

Debemos al finalizar la quinta  oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Sexta oración

En la sexta de las oraciones de Santa Brígida se revela el dolor sufrido por su madre la Santísima e Inmaculada Virgen María y la revelación de su  inmenso y amoroso regalo para nosotros al entregarnos a su madre para que fuera nuestra. Oremos

¡Oh Jesús nuestro Rey muy amado y deseado por mi corazón! Recuérdate del dolor que sufriste, cuando casi desnudo y tratado como un criminal común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. Cuánto dolor sentiste cuando tuviste que ver que tus familiares y amigos te abandonaban. Pero allí estaba tu muy amada madre y tu amado discípulo Juan, ellos permanecieron allí contigo hasta tu último suspiro.

Sin importar que su naturaleza humana se encontraba casi desmayada, y para complemento de tu inmenso amor por nosotros, nos entregaste el más precioso regalo: ¡nos diste a María como Madre! ¡No podemos contar cuánto te debemos a ti nuestro Salvador, por este hermoso y sublime regalo! En tu agonía clavado a la cruz, sólo tuviste que decir: “¡Madre, he aquí a tu hijo!” y a Juan: “¡Hijo he aquí a tu Madre!”.

¡Te suplicamos, oh Rey de la Gloria Nuestro Salvador! por la espada de dolor que en ese momento de inmensa tristeza atravesó el alma de tu Santísima e Inmaculada Madre, que por el amor que nos tienes te compadezcas de todos nosotros en cada una de nuestras aflicciones y amarguras tanto corporales como espirituales, y que nos brindes tu asistencia en cada una de las pruebas a las que debamos estar sometidos, especialmente en la hora de nuestra muerte. Así sea.

Debemos al finalizar la sexta  oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Séptima oración

En la séptima de las oraciones el Padre realiza la revelación ante Santa Brígida de la verdadera sed que sintió cuando estaba siendo crucificado en la cruz, su sed era espiritual, su sed era de amor hacia nosotros. Oremos: ¡Oh Rey de Reyes! ¡tú que eres fuente inagotable de compasión! Por favor recuerda cuando sentías aquella sed desesperante y dolorosa por las almas,  que te llevó de manera urgente a exclamar desde la Cruz: “¡Tengo Sed!” Pudimos entender que tu sed no solamente era una sed física, sino una sed insaciable por la salvación de la raza humana.

Quién más que tú podía entregarnos un  gesto de amor como ese, por ese amor incondicional e infinito hacia nosotros, te rogamos, prisionero de nuestro amor, que agrandes  nuestros corazones con el deseo y la necesidad de que nuestras acciones tiendan siempre hacia la perfección, que elimines de nosotros el ansia exacerbada de la carne y los deseos de placeres mundanos. Así sea

Debemos al finalizar la séptima  oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Octava oración

En la octava de las oraciones de Santa Brígida, se resalta la crueldad con que fue tratado y al dejar oír de manera agonizante que sentía sed, sus labios fueron humedecidos con vinagre. Amado Padre celestial en silencio sufriste demasiado aún teniendo todo el poder para enviar a todas las almas a la oscuridad del infierno. Oremos

¡Oh Padre nuestro celestial lleno de una dulzura constante! ¡Tú que eres y serás por siempre el deleite diario de nuestro espíritu! Por aquel sabor tan amargo de aquella hiel que colocaron en tus labios.  ¡Oh Jesús, tú, dulzura de los corazones, tú que eres deleite de nuestro espíritu, por el sabor del vinagre y la hiel amarga que fueron colocados en tus labios y tuviste que probar estando en la Cruz, todo por el amor que sientes por nosotros, por favor escucha nuestros ruegos.

Concédenos la gracia de recibir dignamente tu Sacratísimo cuerpo y tu preciosísima Sangre durante toda nuestra vida, y por supuesto Padre amado que también a la hora de nuestra muerte para ello sirva como remedio y como consuelo de nuestras almas. Amén, que Así sea.

Debemos al finalizar la octava  oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Novena oración

En la novena de las oraciones de Santa Brígida se revela el dolor de la angustia que sufría nuestro amado Padre Redentor en la Cruz, como todo aquel maltrato y aquel horror que tuvo que padecer de mano de sus verdugos y la desesperanza del abandono de su amado pueblo, preguntó a su Padre el Altísimo  ¿por qué lo había abandonado?. Oremos

¡Oh, Jesús crucificado, virtud verdadera y Gozo del alma!, Recuerda todo el dolor que sentiste, hundido en un Océano de tristeza y amargura, cuando se acercaba tu muerte. Siendo insultado, maltratado, ultrajado y humillado  por tus verdugos, pediste en un último aliento con fuerza en tu voz que habías sido abandonado por tu Padre Celestial, y dijiste: “Dios mío, Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”.

Por esa inmensa angustia que tuviste que sufrir en aquellos aciagos momentos de tu Pasión, te rogamos mi Señor, Redentor y Salvador, que no nos abandones cuando estemos pasando por los terrores y dolores de nuestra muerte. Así sea.

Debemos al finalizar la novena  oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Décima oración

En la décima de las oraciones de santa Brígida se hace la solicitud de consideración sobre todo el maltrato que recibió y todas las llagas y heridas conferidas a su delicado y santísimo cuerpo. Oremos:  ¡Oh, Jesús Padre nuestro Salvador!, tú que eres Principio y Fin de todo la creación, Principio y Fin de toda la Luz, de toda la virtud, de toda la verdad. Recuerda que por nosotros fuiste sumergido en el más profundo abismo de penas, que por nosotros sufriste el más inmenso dolor en todo tu Santísimo Cuerpo.

En consideración de la inmensa cantidad de llagas que fueron consecuencia física de todo el maltrato físico y espiritual al que fuiste sometido, enséñanos a guardar por puro amor a ti todos tus mandamientos, que son camino el verdadero camino para cumplir con tu ley divina, un camino que es amplio y agradable para todos aquellos que te aman. Así sea.

Debemos al finalizar la décima oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Undécima oración

En la undécima de las oraciones de Santa Brígida se muestra la razón de su dolor y la bendición que recibiremos por cada una de sus heridas. Oremos:  ¡Oh, Jesús mío, tú que eres un Abismo sin final de misericordia!, te rogamos oh Padre amado en memoria de esas innumerables heridas, que penetraron hasta lo más profundo de tu ser, que traspasaron tu carne y llegaron a tus huesos, en consideración a tanto dolor te pedimos que nos apartes para siempre del pecado, para nunca ofenderte más.

Reconocemos mi Señor todo el bochorno, que somos pecadores y te hemos ofendido tantas veces que tenemos temor que tu Justicia Divina nos condene. Acudimos  presurosos a tu misericordia infinita para que nos protejas entre tus preciosas llagas. De esta manera, ocultos de tu indignado rostro, pueda tú Amante y misericordioso corazón una vez más liberarnos de nuestras culpas cubiertos en tu Sangre liberadora. Así amado Padre Redentor nuestro, tu enojo e indignación se calmarán de inmediato, ¡Gracias, Señor!. Así sea.

Debemos al finalizar la undécima oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Duodécima oración

En la duodécima de las oraciones de Santa Brígida nos brinda la oportunidad de recordar todo el sufrimiento por el cual pasó nuestro amado Jesucristo y  el cual jamás debemos olvidar  para honrarlo con nuestras alabanzas y oraciones.

¡Oh, Jesús mío, Padre de la eterna verdad, tú que eres el símbolo de la perfecta caridad, tú que con todas las enseñanzas, palabras, milagros y oraciones nos mostraste la verdadera  unidad, te suplicamos que recuerdes todas aquellas laceraciones, todas aquellas horribles heridas que la humanidad pecadora que tú querías salvar te hizo.

Te volvieron un despojo humano, el color de piel se perdió porque estabas enrojecido por tu propia Sangre. ¡No podemos imaginar el inmenso e intenso dolor que tú padeciste por amor a nosotros!, ¡oh, Padre de infinita dulzura! ¿Qué puedes hacer que tú que no hayas ya hecho por todos nosotros? Ya nada falta, todo lo has cumplido.

¡Ayúdanos  Señor!, a mantener siempre presente frente a nuestros ojos el fiel recuerdo de tu pasión, para que el fruto de todos tus sufrimientos se vean permanentemente  renovados en nuestra alma y para que te sientas tan orgulloso que tu amor se agrande en cada momento día a día en nuestro corazón, hasta que llegue el momento indicado que tú hayas decidido para encontrarnos en el cielo y seamos uno solo la suma total de gozo y bondad. Así sea.

Debemos al finalizar la duodécima oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Décima tercera oración

En la duodécima tercera de las oraciones de santa Brígida se reveló ante ella el momento de la consumación de todos los mandatos cumplidos por nuestro padre redentor y Salvador. Oremos:   ¡Oh, tú nuestro dulce consuelo, elevado y maravilloso salvador, tu Rey de Reyes inmortal e invencible!, recuerda cuando, tu agonizante cuerpo desfigurado por los golpes y maltratos recibidos, inclinaste tu adorable cabeza, y dijiste: “Todo está consumado”. Toda tu fuerza, mental y física, se agotó por completo.

Por ese inmenso sacrificio y por todas las angustias y tormentos que tuviste que padecer antes de morir, te rogamos Señor, ¡oh, amado y  buen Jesús!, que tengas misericordia de nosotros a la hora de nuestra muerte, ten misericordia Señor cuando nuestra mente se encuentre turbada y nuestra alma sumergida en incertidumbres y angustias. Hazme saber que nada debemos temer, porque tú te encuentras a nuestro lado y dentro de mi ser. Así sea.

Debemos al finalizar la décima tercera oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Décima cuarta oración

En la décima cuarta de las oraciones de Santa Brígida, se revela ya en su último aliento la confianza y el amor de Jesús por su Padre, a quien encomienda su espíritu. Oremos:  ¡Oh, sufrido Jesús!, ¡Tú infinito Padre, sobre tu sacrificio sentimos no es justa seas la segunda persona de la trinidad, con tu esplendor y figura de su esencia!.

Por favor recuerda cuando entregaste tu alma a él tu Padre Celestial, al decir: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” Tu cuerpo estaba destrozado y tu corazón afligido, pero vuestras entrañas de misericordia quedaron abiertas para redimirnos. Así expiraste, ¡oh, amor infinito!

Por esa terrible y dolorosa muerte te suplicamos a ti Rey de Santos y Ángeles, que nos des la fuerza y la resistencia a todos para sobrellevar los errores, a satanás con sus tentaciones  y a la carne con sus vicios, para que de esta manera muertos los enemigos de nuestra  alma, viva solamente la tuya. Por eso re rogamos Padre Eterno dulce redentor y Salvador nuestro, que a la hora de nuestra muerte recibas en tus brazos a nuestra pobre alma desterrada, que regresa a ti rendida en adoración. Así sea.

Debemos al finalizar la décima cuarta oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Décima quinta oración

En la décima quinta de las oraciones de Santa Brígida se cuenta todo el sufrimiento, todo el dolor, toda la sangre derramada, la espada de dolor sufrida por Santa María siempre Virgen y la reacción de la naturaleza ante la muerte inevitable de nuestro Rey. Oremos:   ¡Oh, tú único vencedor de la muerte!, recuerda toda la sangre por ti derramada  que brotó de cada parte de tu bendito cuerpo, como brota el jugo de una uva exprimida en el lagar.

Desde el lugar donde fuiste Flagelado por tus verdugos y todo el camino por ti recorrido a través de las calles de Jerusalén, tu sangre fue derramada por toda esa vía dolorosa hasta la Colina Sagrada, con ella se escribía cada una de las hojas que conforman el libro de la Historia del Corazón que más nos ama, el tuyo amado Padre. Recuerda cómo la tierra  agradecida por tu presencia y sacrificio, pero a la vez atemorizada recibía tu preciosa Sangre.

Toda la naturaleza, temblaba y los cielos se estremecían; todos estábamos sorprendidos incluyendo a los Ángeles y los demonios ante aquella increíble escena. Un Dios moría, ¿Cómo era posible aquello? Ese primer viernes Santo, por Jesús!, se abría el cielo para la humanidad pecadora.

Durante tres horas que se hicieron infinitas ante el dolor de quienes te amamos, tu cuerpo colgó de la Cruz. Mostrabas un aspecto que nos enseñaba tu dolor, tu tristeza. Tu Sangre: aún brotaba de tus heridas y recorría la sangre que ya se había secado, y hacia una costra de sangre coagulada que se unía con el polvo y la tierra del camino.

Qué inmensa tristeza y dolor tuvo que padecer María y Juan cuando vieron tus cabellos y Barbas, que con tanta sangre y polvo se habían endurecido y ahora daban la impresión de que estaban hechos de alambres. Era impresionante como toda tu cara tus sagrados oídos y tu nariz, estaban tupidos con la sangre. ¡Hasta tus ojos y boca sangraban! todos tus sentidos fueron ferozmente maltratados.

El dolor hizo que inclinaras la cabeza y en ese momento de inmenso dolor entregaste tu Espíritu. Entonces perforaron tu costado, como si no hubiera sido suficiente, lo que hicieron con tanta violencia que la punta de esa lanza casi te atraviesa por completo y sale por el otro costado.

Tu corazón lo desgarraron, sí, ese corazón que ¡tanto nos ama!, de él brotó Sangre y agua, hasta que en tu sagrado cuerpo no quedó una sola gota. Tu cuerpo quedó sin vida como un saco de arena colgado en lo alto de la cruz. Tu fina y delicada carne fue destrozada, tus fluidos marchitados, y disecada la médula de tus huesos.

Entonces en ese momento todo se tornó oscuro, el sol y las estrellas se negaron a iluminar ese terrible momento, el creador, el Rey había muerto, la tierra se estremeció con fuerza y la naturaleza y todos sus elementos dieron un indiscutible testimonio de que aquel que había muerto ¡era el Hijo de Dios!.  Por toda esta amarga y dolorosa pasión y por la Divina Sangre por ti derramada, te suplicamos  ¡oh, Adorado Jesús!, que nos recibas en tu alma cuando estemos sufriendo en la agonía de nuestra muerte.

¡Tú, maravillosa realidad, gozo inenarrable para los que te amamos!, tu inmenso  e Infinito sacrificio valió para ti la pena, y resucitaste ascendiste gloriosamente al cielo dejando las puertas bien abiertas para todos aquellos que quieran seguirte ¡Oh, amado Señor!, por tu amarga pasión y preciosa sangre te rogamos que traspases nuestro corazón para que las lágrimas de amor, adoración y penitencia sean nuestro alimento  día y noche.

Haz por favor que nos convirtamos completamente en ti, que nuestro corazón sea tu perpetuo lugar de descanso, que las conversaciones  que tengamos contigo sean siempre agradables, y que al final de nuestra vida seamos merecedores de tu divinidad, para que tanto el Padre como el Espíritu Santo reconozcan tu obra en mí y poder formar parte de tus Santos para alabarte y adorarte por siempre y para toda la Eternidad. Así sea.

Debemos al finalizar la décima quinta oración rezar un Padre Nuestro, el Ave María y un Gloria.

Las promesas

En todo lo largo de la historia religiosa se han producido revelaciones, comúnmente estas revelaciones han sido llamadas revelaciones privadas, porque han sido recibidas por una persona, como es el caso de Santa Brígida, cuyas revelaciones fueron hechas por el propio Amado Padre, sobre las cuales realizó cada una de sus oraciones Santa Brígida, así como también cada uno de los mensajes entregados y acciones realizadas en su vida.

Santa Brígida siempre que recibía un mensaje o una revelación la llevaba  a la iglesia para su reconocimiento, sin embargo, no todas han sido aceptadas. Las revelaciones según la iglesia no tienen la función de mejorar o complementar la Revelación de Cristo, sino que tienen como propósito fortalecer las revelaciones de Cristo en determinadas  épocas.

Para los cristianos no hace falta más promesa que la entregada por nuestro amado Padre Jesucristo de vida eterna para aquellos que lo aman y enaltecen su sacrificio llevando una vida apegada a sus mandatos.  (Mt 7, 21) “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

La Iglesia no reconoce las revelaciones privadas como objeto de fe y que deban ser vistas como una obligación universal, sin embargo, las revelaciones privadas de Santa Brígida especialmente las 21 promesas, las cuales están unidas a las quince oraciones de santa Brígida, el cumplimiento de esas promesas es fortalecido si las oraciones de santa Brígida se hace de manera ininterrumpida durante un año.

La intención de orar de manera ininterrumpida las quince oraciones de Santa Brígida incluyendo al final de cada oración los Padres Nuestros, el Ave María y el Gloria, es nuestra honra por cada uno de los azotes, heridas, humillaciones, golpes y maltratos infringidos a Jesús.

Existen detractores de las promesas reveladas a Santa Brígida, quiénes son para poner en duda la palabra de Nuestro Padre Redentor. Rezar las oraciones de santa Brígida siempre tendrá un efecto positivo en quienes oran, no olvidemos que orar es una conversación con Dios que siempre nos escucha.

Jesús crucificado entregó a Santa Brígida la información de 21 privilegios con la condición de que fuera ella de manera constante a la diaria recitación del oficio divino. También en la revelación le indicó que todo aquel que diga las oraciones de santa Brígida de manera  devota cada día durante un año, también sería recibidor de las siguientes promesas:

  • Cualquiera persona que repita estas oraciones, tendrá el grado máximo de perfección.
  • Quince días antes de llegar su muerte, podrá tener conocimiento absoluto de todos sus pecados y un arrepentimiento verdadero de ellos.
  • Quince días antes de llegar su muerte le entregaré mi precioso cuerpo para que escape del hambre eterna; le daré a tomar mi preciosa sangre para que no sienta sed eternamente.
  • Permitiré librarse del purgatorio a 15 miembros de su familia, estas almas pueden ser del pasado, del presente o del futuro.
  • 15 miembros de su familia serán confirmados y preservados en gracia.
  • 15 miembros de su familia serán convertidos.
  • Cualquier persona que haya tenido una vida en pecado mortal por 30 años, pero que rece las oraciones de santa Brígida con devoción será perdonada por mí.
  • Si ha vivido haciendo su voluntad y no la mía y está por morir, prolongaré su existencia para que realice su confesión de vida.
  • Le será concedido todo lo que pida a Dios y a la Santísima Virgen.
  • No es importante donde esté diciendo las oraciones de santa Brígida, Dios estará presente con su gracia.
  • Todo persona que enseñe estas oraciones a otros, tendrá incalculables méritos y su gloria será mayor en el cielo.
  • Por cada vez que se recen estas oraciones, ganarán 100 días de indulgencia.
  • No será condenado y se librará de la muerte eterna.
  • Goza de la promesa de que formará parte de los bienaventurados del cielo.
  • Lo cuidaré y defenderé de las tentaciones del mal.
  • Siempre mantendrá sus cinco sentidos porque yo los preservaré y guardaré.
  • Evitaré sufra de una muerte repentina.
  • Yo colocaré mi cruz victoriosa ante él para que pueda vencer a sus enemigos.
  • Antes de que llegue su muerte estaré junto a él con mi amada Madre, la Santísima Virgen Inmaculada.
  • Extenderé mis brazos y lo recibiré complacido y lo guiaré a los gozos eternos. Y conducido allí, le daré de beber de mi divinidad una fuente que es inagotable; beneficio que no tendrán quienes no hayan recitado mis oraciones.
  • Tendrá seguro su lugar junto al supremo Coro de los Santos Ángeles.

Preguntas más frecuentes

  • ¿Puedo esperar hasta el final de mi vida para comenzar a rezarlas y así evitarme rezarlas por 12 años continuos?. Respuesta: No, debe comenzar a rezarlas lo antes posible, no sabemos cuándo llegará nuestra muerte, para qué esperar entonces
  • ¿Puedo esperar estar afectado por alguna enfermedad terminal?. Respuesta: No, debemos orar y mantenernos cerca de nuestro Señor Redentor siempre, no únicamente cuando sentimos que lo necesitamos
  • Si por algún motivo, pasan las doce de la noche, ¿He perdido el día para hacer mi rezo?. Respuesta: Siempre que su rezo sea realizado antes del alba cuenta como válido para el día anterior, por su puesto debe realizar su oración durante el día correspondiente.
  • ¿Cuáles son las “causas justificadas”?. Respuesta: Los acontecimientos familiares o laborales, un accidente o enfermedad grave o que se encuentre inconsciente. Ustedes pueden recuperar ese plazo al encontrase mejor, puede solicitar que alguien lo ayude a leerlas y usted repetirlas mentalmente.

Exhortación

Es muy importante señalar, que las oraciones de Santa Brígida no son un pasaporte o un garantía para llegar al cielo, recibir el beneficio de la vida eterna, simplemente por recitarlas. Las personas que llevan una vida alejada de los mandamientos, personas que quieren vivir bajo su voluntad y no con en obediencia a la voluntad de Dios nuestro Creador, por supuesto que no recibirán el beneficio de las promesas.

Tenemos estar conscientes que debemos ser sinceros, honestos y que nuestra recitación de las oraciones de Santa Brígida, se realicen desde la pureza de nuestra alma y sincero corazón. Nadie podrá engañar a Dios y por supuesto que recibirá una gran sorpresa si realiza las oraciones de manera hipócrita.

Le recomendamos que pida la ayuda de sus amados familiares que se encuentran en el purgatorio, ellos deben estar muy pendientes en la perseverancia. No podemos olvidar que el demonio y sus tentaciones nos acechen de manera permanente, siempre buscando la manera de hacernos fracasar, para ser él, el dueño de nuestra alma.

No debemos desfallecer en nuestra noble intención, recuerden que Jesús aún teniendo todo el poder para evitar tanto sufrimiento, resistió todos los maltratos y humillaciones, para liberarnos de nuestros pecados y darnos la oportunidad de vivir la vida eterna a su lado, pensemos en ello, para darnos la fuerza y no permitir que la sangre por él derramada, su sufrimiento y dolor fue en vano.

Oración inicial

Para comenzar a rezar las oraciones de Santa Brígida debemos invocar a nuestro amado y dulce huésped que se encuentra siempre en nuestra alma.  Realizamos la señal de la Santa Cruz y pedimos venga a nosotros el Espíritu Santo. Le pedimos al Espíritu santo que llene nuestros corazones del fuego eterno del amor de nuestro Amado Salvador para que todo sea creado y renovado la faz de la tierra. Ahora debemos orar:

¡Oh, mi Dios!, tú que diste la orden para que los corazones de los fieles se llenarán con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos que nos mantengamos motivados y guiados por ese mismo Espíritu y aprendamos a obrar de manera correcta siempre y gozosos de la dulzura del bien de tus Divinos Consuelos. Por Cristo, nuestro Señor.  Así sea. Al concluir esta o la oración que cada uno de ustedes desee entregar a Nuestro amado señor Redentor y salvador Padre Jesucristo, debemos rezar un Credo.

Oraciones de Santa Brígida durante 12 años

Luego de realizar las oraciones de Santa Brígida durante un año, se recomienda continuar con las oraciones de Santa Brígida para orar durante 12 años, las cuales se las indicamos a continuación, la intención de realizar y comprometerse con las oraciones de Santa Brígida no sólo es para recibir las promesas realizadas por nuestro amado Padre Creador, sino mantenernos también en una vida espiritual de amor y veneración.

La circuncisión

Antes de iniciar debemos rezar un Padre Nuestro y un Ave María. A continuación oremos con fervor al igual que lo hacemos con cada una de las oraciones de santa Brígida. Padre Eterno, Nuestro amado creador  por intermedio de las manos inmaculadas de María madre inmaculada y el Sagrado Corazón de Jesús.

Te ofrecemos las primeras heridas, los dolores iniciados  y también el primer derrame de sangre como enmienda de los pecados de mi infancia y de todos mis prójimos, te las envío para protegerme del  primer pecado mortal, especialmente y prioridad amorosa para mis parientes.

La agonía de Jesús

Antes de iniciar debemos rezar un Padre Nuestro y un Ave María. A continuación oremos con fervor al igual que lo hacemos con cada una de las oraciones de santa Brígida. Amado Creador, a través de las manos inmaculadas de Santa María siempre Virgen y del Sagrado Corazón de Jesús.

Te ofrecemos el inmenso sufrimiento del Corazón de Jesús, mismo que padeció en el Huerto de los Olivos, te ofrecemos cada una de las gotas derramadas y liberadas en su sudor de sangre como enmienda de nuestros pecados de corazón y de todos mis prójimos, para que nos protejas de los pecados y para que se derrame el amor divino y fraterno.

La flagelación

Antes de iniciar debemos rezar un Padre Nuestro y un Ave María. A continuación oremos con fervor al igual que lo hacemos con cada una de las oraciones de santa Brígida. Padre Eterno, Nuestro amado Creador  por intermedio de las manos inmaculadas de María Madre inmaculada y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrecemos las miles de heridas, los intensos dolores y la preciosísima sangre derramada por la flagelación como enmienda de nuestros pecados de la carne y de todos mis prójimos, para que nos protejas de los pecados nos ayudes a preservar la inocencia.

La coronación de espinas

Antes de iniciar debemos rezar un Padre Nuestro y un Ave María. A continuación oremos con fervor al igual que lo hacemos con cada una de las oraciones de santa Brígida. Padre Eterno, Nuestro amado Creador  por intermedio de las manos inmaculadas de María Madre Inmaculada y el Sagrado Corazón de Jesús.

Te ofrecemos las miles de heridas, los intensos dolores y la preciosísima sangre derramada de la sagrada cabeza de Jesús, cuando fue coronado con fuerza y maldad con una corona de espinas, como enmienda de nuestros pecados y los de todos mis prójimos, para que nos protejas de los pecados y se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra.

Cargando la cruz

Antes de iniciar debemos rezar un Padre Nuestro y un Ave María. A continuación oremos con fervor al igual que lo hacemos con cada una de las oraciones de santa Brígida. Amado creador, a través de las manos inmaculadas de Santa María siempre Virgen y del sagrado corazón de sufrimiento que sintió nuestro amado redentor  en el camino a la cruz.

Especialmente la santa herida recibida en su hombro y su preciosísima sangre como enmienda a nuestra negación de la cruz y la negación de toda la humanidad, para que perdones todas nuestras quejas contra tus planes divinos que siempre serán mejores que los propios y todos los demás pecados que podamos haber conferido de palabra, por favor protégenos contra tales pecados, para ser merecedores de un verdadero amor a la cruz.

La crucifixión de nuestro redentor

Antes de iniciar debemos rezar un Padre Nuestro y un Ave María. A continuación oremos con fervor al igual que lo hacemos con cada una de las oraciones de santa Brígida. Padre Eterno, Nuestro amado Creador  por intermedio de las manos inmaculadas de María Madre Inmaculada y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrecemos a tu Hijo en la cruz, quien fue clavado en ella y luego levantado.

Con clavos hicieron heridas en sus manos y pies y derramó tres hilos de su preciosísima sangre por nosotros, te ofrecemos  las extremas torturas que realizaron en cuerpo y en su alma, su muerte preciosa y su adorada consagración renovación no sangrienta en todas las santas misas, como enmienda de todas las heridas que hayamos podido generar por el incumplimiento de los votos y de las normas dentro de las órdenes.

La ofrecemos para que perdones nuestros pecados y los de todo el mundo, te lo pedimos también por los enfermos y moribundos, por los sacerdotes y laicos, por las intenciones del Santo Padre, por la restauración de las familias, para hacer fuerte la Fe, por nuestro hogar, nuestro país y por la unión de todas las naciones en Cristo y por supuesto en su Iglesia.

La llaga en su costado

Antes de iniciar debemos rezar un Padre Nuestro y un Ave María. A continuación oremos con fervor al igual que lo hacemos con cada una de las oraciones de santa Brígida. Padre Eterno, acepta nuestros ofrecimientos como dignos, acéptalos por las necesidades de la Iglesia y como enmienda a nuestros pecados y los de toda la humanidad, acepta la preciosísima sangre y el agua que salió de la herida que hicieron en el Sagrado Corazón de Jesús. Sé por favor  misericordioso para con todos nosotros.

¡Sangre de Cristo, lava todas nuestras culpas con el precioso fluido de tu Sagrado Corazón, El agua emanada de tu  costado amado Cristo; lava totalmente nuestras penitencias del pecado y apaga las llamas del Purgatorio para nosotros y  todas las almas del purgatorio! Amén.

Oraciones

Orar es hablar con Dios y pensar en Él con amor. Estamos llamados a aprender a orar como lo hacía nuestro amado Jesús. Nuestro amado Redentor alababa a su Padre, siempre le hacía saber de su agradecimiento, le pedía perdón por los pecados de los hombres, imploraba desde su amoroso corazón por su ayuda.

Debemos saber que la oración sincera nos acerca y nos une a Dios, además nos hace fuertes y podemos enfrentarnos contra el mal, permitiéndonos recibir las Gracias y bendiciones. Esta manera de actuar desde la oración se encuentran en la santa escritura en Mateo 7,7 “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”.

A través de las oraciones de Santa Brígida, podemos rogar al Señor, pedir con las oraciones de Santa Brígida o su intercesión ante Jesucristo, pedir la perseverancia que debemos tener para rezar las oraciones por las Santas Llagas de Jesucristo.

Santa Brígida por favor tráenos  de su divina Misericordia el privilegio para meditarlas para obtener de ellas todo el aprovechamiento espiritual que podemos tener en nuestras oraciones. Santa Brígida intercede ante el Señor tu que tuviste la bendición de recibir sus mensajes para que disfrutemos con gran gozo las promesas que con cada una de las oraciones de Santa Brígida podemos recibir, sé tú la mediadora también ante Nuestra Santísima Madre. Amén.

Oración 2:

Aquí nos encontramos amada Santa Brígida, postrados de rodillas  frente el sagrario que guarda todo el amor de nuestro amado Padre Redentor y Salvador. Vengo con mi alma plena de honestidad con las flores del deseo para que tú santísima las cambies por los  frutos de verdad y pueda regresar con mi alma limpia y pura.

Tú que fuiste bendecida por recibir las revelaciones de Dios, tú que entregaste tu vida a Cristo y la suya a todas las almas, pedimos que en el mundo se establezca la paz, que caigan a tus pies todas las armas de la guerra y florezcan en nuestros corazones las flores necesarias para amar.

Llénanos Señor de respeto y bondad, para que hagamos florecer los mares y la tierra que cualquier rincón se convierta en altar y cuando poses tus ojos en nuestro nuevo hogar, tu corazón se hinche de amor y orgullo. Que con esta acción ejecutada por tus hijos logremos tu custodia,  así como la palmera que alegra el arenal, pedimos que en el centro de nuestra vida reine sobre las cosas tu ardiente caridad.

Santa Brígida pide ante Cristo nuestro señor por todas las almas del mundo.  Somos hoy  ciervos sedientos que caminan sin desvío hacia la fuente, vamos todos sin desviar el camino hacia su encuentro. Gracias por tu oraciones Santa Brígida, porque con ellas colocaste en nuestras frentes el beso de paz. Cristo se encuentra a través de ti en todas las almas y han traído en el mundo la paz.

Oración final

Oh, dulce Jesús, ahora entiendo todo tu dolor y sacrificio, en mi oración constante puedo reconocer todo tu sufrimiento, ahora estoy preparado para que tú hieras mi corazón todo ello con el propósito de que mis lágrimas de amor y de penitencia puedan servirme de alimento todos los días y todas las noches.

Con tu poder maravilloso oh amado Señor, permite mi completa conversión. Haz que mi corazón sea tu habitación por siempre en la cual te sientas cómodo y en paz, que tu estancia en él sea de tu agrado mi Señor. Que el fin de mi vida sea acompañado por ti mi amado Rey y sea yo merecedor de entrar en tu  paraíso, para adorarte y alabarte para siempre junto a todos tus Santos. Amén. Repetir tres veces “Sea por siempre bendito y alabado Jesús, que con su bendita sangre nos redimió”.

Recomendaciones

A continuación dejamos algunas recomendaciones que consideramos son importantes para cuando vayamos a recitar las oraciones de Santa Brígida. Debemos elegir un momento del día que respetemos siempre y tratemos en la medida de nuestras posibilidades no ocupar con otras actividades, le recomendamos que ese espacio sea antes del atardecer, la razón de esta recomendación se fundamenta que si dejamos para realizar las oraciones de Santa Brígida para horas más tarde del día, quizás nos encontremos muy agotados.

Debemos estar para el inicio de hacer las oraciones de Santa Brígida concentrados y dedicados a ello, al estar más compenetrados el tiempo será menor.  Recuerden que se deben hacer las quince oraciones de Santa Brígida todos los días, no una cada día.

No olviden que si nos encontramos en una situación que nos impide a nosotros mismos realizar las oraciones de Santa Brígida, podemos pedir la ayuda de algún amigo o familiar para que nos lea cada una de las oraciones de Santa Brígida y nosotros repetir es silencio y en pensamiento.

Tener un crucifijo es lo más recomendable, en caso de no tener uno podemos buscar una imagen de Jesús crucificado, esto nos ayudará a mantener y visualizar su Divino Rostro sus santas llagas, lo que nos ayudará a reconocer su sufrimiento y sacrificio.

Anexos 

A continuación dejamos algunas palabras que pueden confortarnos y entregarnos esa fuerza que nos permita alejar todo aquello que pueda interponerse en nuestro propósito, así que dejamos unas palabras de Santa Brígida para acompañarnos.

Yo, Brígida, me encuentro con ustedes en todos los momentos de vuestra vida, quiero que sepan que nunca los dejo solos, que los protejo con un amor que es especial para los Devotos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, para los devotos de los Dolores  y también de las lágrimas que brotaron de los ojos de la Santísima Inmaculada Virgen María.

Yo, Santa Brígida soy y seré siempre su protectora especial, no importa si me desvelo para mantenerme a su lado, acompañándolos en sus espirituales decisiones, nunca los dejaré, siempre los guiaré en su camino para obtener una mayor santidad, les daré mi amor y fuerza para que alcancen la máxima fidelidad y el mayor amor consagrado a Dios.

Anexos 2

Dejaremos para su lectura algunos de los testimonios emitidos por personas devotas y consagradas a la Pasión de Cristo, que pueden ayudarle  a continuar en momentos que sientan debilidad de continuar realizando las oraciones de Santa Brígida.

Josefina una mujer Española cuenta que comenzó a rezar las 15 oraciones de Santa Brígida y en oportunidades sentía que no iba a lograrlo, porque el día a día, el trabajo, el hogar y la atención a su madre que se encontraba delicada de salud en oportunidades interferían.

Pero cada vez que sentía que algo se interponía, pedía ayuda a sus santos, le pedía fuerza a Dios para no desmayar. Josefina logró concluir rezando todos los días durante un año las quince oraciones de Santa Brígida y confiesa haber recibido muchas bendiciones en su vida.

Su fe se encuentra fortalecida y su temor a la muerte desapareció, ahora tiene la seguridad que será recibida en los brazos de nuestro amado Padre Redentor y Salvador Jesucristo. Ahora la oración diaria forma parte de su vida, ya no como una meta de alcanzar las promesas, sino como su momento de encuentro con el Señor.

Cuando leemos los testimonios de las miles de personas que han realizado las oraciones de Santa Brígida, encontramos un factor común, su vida cambió para bien, su fe se hizo fuerte, su entrega a la palabra de Dios y han aprendido a ser obedientes de su voluntad. Amén

Podemos concluir que la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo nos muestra todo el maltrato recibido por sus ejecutores, como fue condenado siendo totalmente inocente fue azotado, apuñalado, golpeado, humillado, escupido, empujado, estirado hasta romper su sagrada piel y dislocar sus santísimos huesos, derramó toda su sangre. Lo hicieron cargar la Cruz más grande y pesada, tuvo que ver todos los pecados del ser humano los pasados, los presentes y los futuros por los siglos de los siglos.

Fue tan maltratado con tanta saña que fue desfigurado, se encontraba irreconocible su Dulce y Santo Rostro. Todo para que fuéramos perdonados y tuviéramos la oportunidad de vivir la vida eterna a su lado. En las revelaciones realizadas ante Santa Brígida nos vuelve a entregar la oportunidad de recibir su indulgencia y misericordia.

Al rezar las oraciones de Santa Brígida  tenemos la promesa de que bajará del Cielo y recibirá nuestra alma en sus santos brazos para llevarnos a la gloria eterna, esta es solo una de las 21 promesas. Al llevar una relación sincera y honesta estaremos libres de tentaciones, nuestro hogar no conocerá de tristezas y podremos morir en la Gloria.

Hagamos entonces de nuestro corazón la habitación perfecta para que Jesús descanse en él, hagamos que cada gota de su preciosísima sangre por él derramada no haya sido en vano. Al comprometernos a realizar las oraciones de Santa Brígida todos los días, cada día por un año, llevando una vida en el camino de su voluntad y mandamientos, no solo estamos preparándonos para recibir sus promesas, sino honrando todo su dolor y sacrificio.

Agradecemos a Santa Brígida su entrega a una vida espiritual que permitió que hoy pudiéramos contar con todas las revelaciones que le fueron entregadas por el mismo Padre Creador. Santa Brígida nunca se negó a esa responsabilidad conferida sin ser por ella solicitada, por ello podemos sin temor a equivocarnos consagrar devoción por Santa Brígida.

Fortalece tu espíritu realizando también las siguientes oraciones:

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